
En aquel reflejo, en el reflejo de la montaña, veo un ser sin forma, sin trazos ni contornos. Cuando creo que por fin logré identificar lo que es - si es que sea algo - termina siendo todo lo contrario; pero tampoco eso, porque al final de cuentas pareciera que es lo que en un principio deduje que era. Por esto es difícil sacar una conclusión.
Grita un nombre una y otra vez, con convencimiento y gran tenacidad, mas en verdad no se si se llame como dice llamarse. Es realmente un asunto intrincado.
Cuando más me parece conocer lo que está en el reflejo, mas me doy cuenta de me hiso pasar por otra mala jugada.
No tiene definición.
No tiene sustantivo ni predicado; ni siquiera creo que lleve un Pronombre Personal tal como "Él" o "Ella", o "Nosotros" o "Ellos". Ni siquiera podría decir que exista un enunciador. Por lo que por lo tanto no existiría - eso ,sin duda, me sacaría de un aprieto -
Si pongo a analizar aquello, parece un manojo de hilos, pelusas y agujas.
También parece algo realmente simple y de corta duración - no me pregunten que quiero decir con "corta duración", pero esa frase se me resbala de la boca al observar eso que todavía no pude conseguir saber que es -; pero sé que es algo realmente complicado y sin duda, extenso. Por esto es mejor dejarlo a distancia. Mas me es inevitable. Tengo una extraña y morbosa conexión. No se por qué. No pregunten. No sabría decirles.
Me atormenta, me persigue, me secuestra, hurta en mis cosas mas privadas y delicadas, en mi yo, y en el otro, me siento violada y me deja tirada. Luego pareciese que sintiera lástima o culpa, que se yo. Sólo se que luego recoge los pedazos, los une, los arma con dedicación - y con algo de molestia, también, dejenme señalar - ME arma, me levanta y me sienta cual muñequita de porcerlana, cual princesita de cristal en mi trono de cartón con mis sueños de diamante, como si nada hubiera ocurrido.
Pero luego vuelve, ¡oh si!, como sé que lo hace.
Pobre, en el arduoso trabajo de la recompostura de mi persona, a veces, sólo a veces, se le olvida o se le pierde algunos trozos por allí, por aquí, por cualquier lado, y cuando me levanta y me sienta cual muñequita de porcelana, cual princesita de cristal en mi trono de cartón con mis sueños de diamante, y nota que hay espacios en blanco, nulos, sin esto ni aquello, con algo que tampoco se sabe que es, siente desesperación e intenta remendar su error colocándome alguna que otra cosa que sustituya las partes originales, pero la mayoría de las veces no resutal efectivo y quedo así, a medio saber, a medio conocer, a medio volar, a medio armar.
Porque después de todas estas idas y venidas, grises, bordó, turquesas, arcoiris, palabras sin sonidos y gritos sin aliento, no entiendo lo que es, lo que podría llegar a ser en verdad y si su verdad realmente exista como una verdad. No sé si su verdad es mi mentira o viceversa, o simplemente confundo todo.
No se nota, no se puede deducir, es como un fantasma pero más material; es como un humano pero más abstracto. No logro entender...
¿Es lo que yo creo? No, no...
Sigo sin captar su esencia, su sentido y su dirección, se que no viene del mal, pero es demasiado confuso para entender que viene del bien. No, perdón, sí, viene del bien...
Capaz ni aquello que se encuentra en el reflejo de la montaña entienda bien lo que es, lo que sería un problema aún mayor.
Y ahora comenzó llover, pero me quedo aquí, insistente, anotando en mi cuaderno de arena y contando estrellas como brújulas. Me estoy mojando y no me importa. Con una sonrisa en la cara estoy. ¿Vos estas observando el reflejo de la montaña?
Porque estos truenos ya no me dejan escuchar con claridad y estas gotas no me dejan comprender lo que en el reflejo está...


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